Blogia
Nº 2 Marzo, 2006

Número 1

Tres historias de guerra

Tres historias de guerra Jesús Sánchez Fernández (edición y dirección); Patricia de Barrio, Mercedes Francisco e Inés Moreno (Elaboración)

Según un sencillo sondeo elaborado entre un centenar de alumnos de 3º y 4º de E.S.O. en clase de Ciencias Sociales, 2 de cada 3 alumn@s, de este centro de Fuenlabrada ,tienen familias de origen manchego y extremeño. Ambas regiones tuvieron un papel destacado en la dramática historia de la España de los años treinta. Otros provienen de algún rincón de la provincia de Madrid, o de provincias limítrofes como Avila

1. EXTREMADURA

Extremadura era tradicionalmente un área de latifundio y dehesa.
En Arroyomolinos de Montánchez, un pueblo del sur de Cáceres situado a los pies de la Sierra del mismo nombre, vivía en los años veinte, la familia paterna de nuestro alumno Pedro MS. Eran tres hermanos. El abuelo de Pedro era Manuel, el del medio. Pero el único que queda es Andrés MG, el menor de ellos. A él se le realizó la entrevista. A él y a su mujer. Sergia, nacida en ese pueblo en 1920, se casaría con Andrés al término de la guerra. Ella recuerda cómo era la vida durante su infancia:

“ Mi padre era pastor, nosotros siempre estábamos en el campo con él. Se ganaba cuatro duros al mes y con eso teníamos que tener todos para comer ¿sabes? y los dos hermanos mayores les poníamos los zahones por debajo del cuello porque se les caían de la cintura de “sequinos” y de “chiquitos” que eran. (…) Cuando yo tenía seis años estábamos en el Cotomarro con los Pacheco que eran los más ricos de toda la provincia de Cáceres y de Badajoz, y estuvimos seis años en el Cotomarro. Recuerdo la amistad que tenía mi padre con el dueño que también se llamaba José, José el guarda y José mi padre; y recuerdo pues que tenía nueve hijos, allí los crió pues como reyes y que a los dos mayores se los llevó mi madre al pueblo…Los Pastores como mi padre cobraban harina y una porción de aceite, un quintal de trigo y cinco litros de aceite más el sueldo que tenía".

Como L@s niñ@s tenían que ayudar en casa, no frecuentaban la escuela:

“Y estábamos todos pues reunidos y ni había escuelas ni nada, porque en el campo no había nada … Mi padre me enseñó a leer nada más que la cartilla y me obligaba a que la aprendiera antes de irme a dormir. Había veces que me iba a dormir antes de que viniese mi padre y cuándo él llegaba me despertaba para leer la cartilla.”

Durante la II República, la reforma Agraria, finalmente abortada en la guerra, había comenzado a asentar a las familias de trabajadores residentes en los pueblos como colonos, principalmente en la provincia de Badajoz.

Al empezar la guerra, fue Extremadura una de las primeras regiones ocupadas por los rebeldes (mal llamados “nacionales”). En aquel verano de 1936 se desencadenaban con impunidad atroces crímenes que tenían eco inmediato y respuesta en la otra zona y así sucesivamente, incrementando de manera horrible la espiral de la violencia : ajustes de cuentas, venganzas personales, paseos, represalias.

Andrés M, relata lo que les ocurrió al estallar el conflicto :

“ A mi hermano mayor me lo mataron. A tu abuelo, (,Manuel) al salir en defensa de su propio hermano le condenaron a pena de muerte y tras redimirle, se fue a la zona roja para vengar a su hermano. Y yo me quedé en el pueblo y a los 2 años de guerra, me llamó el ejército (de Franco) para ingresar en él ) (…) “En el pueblo (Arroyomolinos de Montánchez) entró una compañía del ejército de Cáceres (alzados) a tomar posesión del pueblo. A mi hermano le mataron porque fue el único que tuvo el coraje de decirles: “Váyanse ustedes al pueblo con sus caballerías. Y váyanse a labrar las fincas que tienen en el pueblo que las tienen sin cultivar. Este terreno que conceden el gobierno de la república son para los que no tienen apenas nada, o sea para los obreros”Tras decir esto se lo llevo un tal Gilancia como vengándose de una paliza que les habían dado mis hermanos. Y cuando se iban, el tal Gilancia dijo: “Vámonos que te va a sobrar las tierras” Se llevaron a una veintena de hombres a la cárcel en los que estaba tu abuelo Manuel".

El avance rebelde se dirigía desde Andalucía hacia Extremadura por la ruta de la plata, pasando junto a la frontera portuguesa. La represión concebida por los alzados como operación de terror ejemplarizante y eliminación de todo partidario del gobierno, fue durísima: la plaza (vieja) de toros de Badajoz salpicaba los titulares de la prensa internacional. Sergia todavía guarda la impresión que le produjo lo ocurrido en el pueblo de Badajoz, Don Benito (en agosto de 1936):

“fue uno de los últimos pueblos que se tomaron, no había quién lo tomara. Y esos Castillejos de Barquero, otros de Cabanillas, eran de los señores de Don Benito, y claro como los cogieron, y de allí no salía nadie, pues entonces los que tenían de guarda se quedaron de amos. Buscaron en el pueblo quién guardara cochinos, ovejas, leños y cabras, lo que tuviesen allí y todo el ganado que había. Y ellos ya como los señores. No creían ellos, que ellos ya eran personas de 40 o 50 años o menos, pero no sabían si los iban a matar, porque es que Don Benito tuvo un bombardeo (artillero) que no había quién lo tomara, y, claro; ¡no se sabía si iban a matar en ese bombardeo a los amos de las dehesas o no los iban a matar! La toma de don Benito fue una toma muy tremenda porque los estaban esperando por caminos y veredas. Fue muy tremenda porque tardaron mucho en entregarse Don Benito.”

Pedro pregunta al hermano de su abuelo cómo había comenzado todo y por qué se luchaba:

“Y viendo que en la segunda república habían ganado eso, (se refiere a las elecciones de febrero de 1936), fueron cuándo dieron un golpe de estado y les quitaron el gobierno a las izquierdas. Se apoderó Franco de la guerra en el año 1936, y las quintas que estaban actuando entonces, que eran las del año 1927 hasta las del 1929” (...) “Luchaban las derechas contra las izquierdas, aunque en aquél entonces se decía rojos y fascistas. La clase obrera contra la clase rica, o sea, los rojos eran la clase obrera y los fascistas eran la clase rica” (...) “Uno (defendía) al capital y otro al trabajo.”

El 12 de marzo de 1938, un año antes de terminar la guerra, Andrés, el pequeño de los tres hermanos fue llamado a filas:

Pedro M.- “¿Cuántos años tenías cuando empezó la guerra?
Andrés M – Yo nací en el 1919
P - ¿Te obligaron a ir o fuiste voluntario?
A - ¡No, no! Fui por mi quinta, aunque la mía fue una
quinta joven porque en aquellos momentos se precisaba gente para ir a la guerra. La quinta más joven eran los que fueron después de la mía.
P - Cuándo fuiste ¿tu ya tenías tus ideales o te obligaban a tener otros ideales diferentes a los tuyos?
A– Allí teníamos que ir con los ideales de Franco, a defender a él. No me ha gustado nunca apuntarme a las sociedades ni organismos donde se hablaba de política y de todos eso...
(...)
P _ ¿Qué solíais comer?
A_ En las trincheras, una latitas de sardinas y unas pastillas de chocolate. Pero estuvimos quince días sin apenas comer nada porque nos cortaron las trincheras.
P _ ¿Llegaste a enfrentarte con el bando contrario?
A _ En las trincheras si me enfrenté a ellos pero cuándo me sacaron de las trincheras, por no querer hacer el servicio que me mandó hacer un cabo, el teniente me dijo que no volviera a aparecer más. Y entonces me cambiaron de un batallón de fuerzas de línea. Casi todo el tiempo que estuve en el ejército fue en las trincheras, porque dio la casualidad que el año que yo estuve en el ejército fue en las trincheras, porque dio la casualidad que el año que yo estuve era cuando estaban reconcentrando todas las fuerzas para la terminación de la guerra, como las del Ebro o las del Norte.
P _ ¿En algún momento te llegaste a enfrentar a tu hermano Manuel (mi abuelo paterno)?
A _ ¡Hombre!, es que el estaba en la otra orilla del río Zújar, allí estaba cuándo estaba en los guerrilleros. Yo estaba en la segunda avanzadilla, en ametralladoras, y al otro lado del río estaba mi hermano.
P _ ¿ O sea que en algún momento podías haber matado a tu hermano?
A _ ¡Hombre, claro! Y él no quiso matarme a mí, porque tu abuelo era guerrillero de los servicios secretos y se pasaba de un bando a otro todas las veces que le interesaban para hacer servicios de espionaje, para reconocer la violación de un puente, corte de una carretera... Es igual que lo que hacen actualmente los terroristas y todos esos. Pero tu abuelo, como sabía dónde estaba yo , pues... Una noche estuvo detrás de mi, sentado un rato, observando lo que yo hacía, porque ellos se metían en bando contrario para observar los movimientos del rival".

2. LA MANCHA

La Mancha fue desde julio de 1936 un territorio leal a la República y así permaneció en su mayor parte (excepto algunas zonas occidentales) hasta el final de la Guerra Civil. Se produjo en estos años la experiencia social de la colectivización rural que llegó a muchos pueblos: se reunieron las viñas, las mulas, los aperos de labranza.; se crearon centros de abastos de subsistencias, se quemaron los registros de la propiedad y se abolió el dinero.

Mientras, muchos manchegos marchaban al frente dirigiéndose a Madrid, Cuenca, Teruel...el Ebro. Algunos no volverían y sus restos todavía no están sepultados donde deberían, junto a sus familiares fallecidos, en los cementerios de sus pueblos dónde nacieron o dónde vivían cuándo estalló la guerra. Otros sí pudieron regresar, pero al poco de llegar a casa fueron detenidos y encarcelados. Así ocurrió con los que enviaron a Valdenocedas (Burgos) como podréis leer en el extracto del artículo que recogeremos e incluiremos en la edición en papel del número número 1 de entresiglos. Incluso unos cuantos afortunados como Anastasio Maqueda pudieron años después, tras salir de la cárcel, volver a casa e intentar rehacer sus vidas con los suyos. También podéis seguir su historia en el extracto del artículo que también publicaremos aquí mismo. Ambos proceden del Diario El PAÍS.

Lorena, de 2º de Bachillerato entrevista a sus abuelos paternos, Pedro A, jornalero nacido en 1928 y Victoria G. , ama de casa. Ella, tres años más joven, nació en 1931, el año en que se proclama la República. Ambos son naturales de Navaherrmosa , un pueblo situado a los pies de los Montes de Toledo a unos 30 Km. al SurOeste de la capital provincial. Allí vivieron hasta que emigraron a Madrid en 1973:

Victoria G:_ “La guerra fue muy dura, luchaban hermanos contra hermanos y en los ríos no corría agua, sino sangre, según decía padre (se carientristece)
Lorena A.- ¿Pero fue tan dura, según tu padre?
V .- Sí, para muchos
(...) después de la guerra, se pasó mucha hambre y calamidades, ya que los patrones no paganban na´ y el dinero no valía. Ahora me viene a la cabeza, que el abuelo de tu padre era alcalde del pueblo y vivíamos bien, pero con el mal nacío´ de Franco, se llevaron detenido a mi padre por una confusión de ideas.
(De repente mi abuelo se mete en la conversación)
Pedro A.-. Cuándo Franco ganó, yo estaba en el campo con unas muchachas y una tenía un puñao´ de pan y me dijo a buena hora:
-Ahora los de izquierdas pasaréis hambre
Yo cogí y la arreé un ostia (sic) que le quité el pan y la conteste:
-¡Tú, pasarás ahora hambre!
V .- Todos los domingos se iba a misa por la mañana y no sé, cómo no te obligaban todos los días
(Mi abuelo comenta otra vez)
P.- ¡Porque entre semana era más importante el trabajo que Dios!
V.- Anda, anda, calla que muchos iban
P.- Los que vivían del cuento
L.- Pero era en Latín, ¿La entendíais?
A.- No, pero ponías buena cara y hacías lo que los demás.
L.- Pero Franco ¿os obligaba a ir a misa?
A.- Y a muchas cosas que no querías.
L.- ¿Y de la muerte de Franco? ¿qué?
A.- Buh, pues mucho cambio
L.- ¿Cambió de qué?
A.-. De to´
L.- ¿Pero de qué? ¿De mentalidad?, ¿De vida?, ¿De ideas?
V.- De to´ , de to´.
L.- Pero ¿A lo bueno?
V.- A lo bueno y a lo malo.
L.- Pero ¿En qué época vivías mejor?
V.- Hoy se vive muy bien, pero cada época se vive de una forma u otra
L.- Y hoy en día ¿Qué te parecen tantos avances?
V.- Yo no entiendo nada.


3. HACIA MADRID.

Otr@s de nuestr@s alumn@s provienen de familias originarias de provincias vecinas a la Comunidad Autónoma de Madrid, como Ávila. En Castilla la Vieja, (Castilla y León, como se denomina hoy esta comunidad autónoma), triunfaron las derechas en las elecciones de febrero de 1936 , (las últimas en 40 años, ganadas en toda España por la coalición izquierdista del Frente Popular) y triunfó también el golpe militar que en julio de ese año abocó a la Guerra Civil. Podría decirse que allí no hubo guerra, pero sí represión.

Ceferino J M, era entonces un chaval de 11 años. A punto de cumplir los 80, aún se acordaba de la letra de coplillas, canciones y dichos que había escuchado de pequeño:

Sobre la Guerra de Marruecos (1909-1926):

“En el cerro Gurugú,
hay una fuente que emana
sangre de los españoles
que murieron en campaña.”

Sobre la llegada de la República:

“Carnavales han venido,
carnavales han llegado,
la República ha venido
y eso sí que no se irá”.

O este otro:

“Que traigo la falda muy adornadita
de los tres colores de la banderita
por si algún chiquillo se quiere acercar
hacia la comparsa del día carnaval”.

Y este eslogan: “El que no vote a las izquierdas no tendrá parte en las dehesas”

Cuándo estalló la guerra vivía en su pueblo natal, Solana de Ríoalmar (Avila) situado en las estribaciones de la Sierra de Gredos:

“ Me enteré por la radio. Dijeron que había entrado Franco por Sevilla con ayuda de los ingleses (sic) y los alemanes. En un bando estaban los nacionalistas (derechas) y en el otro lado los rojos (izquierdas). Recuerdo que a Solana iban los falangistas preguntando a los alcaldes quién era rojo y en concreto, me acuerdo que se llevaron a 8 personas en un furgón. Además, me contaron que a tres de ellos les fusilaron y uno que creían muerto se escapó y consiguió llegar a un hospital. Los falangistas ala ver que salía del hospital le obligaron a decir: ¡Viva España!, pero cono no lo dijo, lo fusilaron ahí mismo.”

Poco después, a Ceferino lo mandaron a estudiar a un seminario en Salamanca dónde estuvo hasta los 16 años, de modo que pasó allí los años de la guerra. Recuerda que:

“bombardeaban cada dos por tres y los pobres nos insultaban porque éramos seminaristas.”

El avance rebelde hacia Madrid se retrasó por la decisión de ocupar antes Toledo auxiliando a los que se habían hecho fuertes en el Alcázar . Fue esta una decisión personal del General Franco que ya se alzaba sobre el grupo principal de los militares sublevados. En el camino hacia la capital por las carreteras de Extremadura y de Toledo , Fuenlabrada (como Móstoles, Leganés o Getafe), fue ocupada entre el 2 y el 4 de noviembre de 1936. Un año antes, el 13 de diciembre de 1935 había nacido allí Lucía J M, abuela de Cristina. Naturalmente, de la guerra no tiene ningún recuerdo y poco sabe porque “mi madre no me contó nada”. Fuenlabrada es hoy una ciudad que cuenta con unos 190.000 habitantes (187.963 en el 2003), pero era entonces hace 70 años una localidad rural muy distinta.

“En aquella época nos íbamos al campo en burro a labrar ya que la mayoría de las familias tenían una pequeña huerta. Yo sólo fui dos años a la escuela de los 8 hasta los 10 años y después me fui a servir para ayudar en casa. Mi abuela me decía que era una lástima que no me pudieran dar estudios porque yo valía para estudiar pero en aquella época no se podía. Empecé con 10 años en casa de una vecina mía que tenía vacas y necesitaban una chica para limpiar los cántaros de leche, allí estuve hasta los 14 años.

Cómo no había agua potable en las casas:

-“Había que ir a la fuente de los Cuatro Caños con un cántaro de agua y llenarlo para pasar el día. Teníamos que ir por las calles llenas de barro con botas catiuscas porque no había carreteras y las aceras eran muy estrechas. Tampoco había servicio, pero como en todas las casas había un corral en la parte de atrás, allí íbamos a hacer nuestras necesidades, y las gallinas se las comían. Siempre que nos veían sentar al corral no seguían y nos picaban el culo,¡lo mejor de todo es que luego esas gallinas nos las comíamos!. El pis lo hacíamos en un cántaro y por la noche se tiraba a la calle. Cuándo ya me case con tu abuelo, él me hizo un pozo negro y me puso una taza en un cuartito en el patio, cuándo el pozo negro se llenaba se llamaba a una empresa para que lo limpiara.”

Por entonces, en el pueblo de Fuenlabrada no había mucho futuro, así que la familia tuvo que ir a principios de los años 40, a buscar los medios de sobrevivir en otra parte. Lucía tenía entonces 15 años:

“Fui a Madrid con mi madre y mis hermanos cuándo comenzó a funcionar el ferrocarril. Teníamos que estar allí todo el día porque el primero salía del pueblo a las 8 de la mañana y volvía a las 8 de la noche. (…) empecé a trabajar en una tienda de ropa en la que ganaba 27 duros al mes, (135 ptas, unos 80 céntimos de Euro) y en vez de cobrarlo, mi madre, como (yo) ya tenía novio, el dinero me lo empleaba en sabanas, toallas y cosas para cuando me casara. Para comprarme una sabana tenía que ahorrar dos meses porque con la paga de un mes no me llegaba y poco a poco me compré todo.

“Mucho vestido blanco,
mucha farola,
pero luego el chuchillo
en la lumbre con agua sola".

Sin saber que mi vestido estaba hecho con unas cortinas viejas. Pero yo no tenía por qué decir de dónde había sacado el vestido.”

Valorando la forma de vida de aquella época, dice:

-“Antiguamente a las mujeres no se les permitía entrar en los bares porque perdían prestigio y tampoco estaba bien visto que fumasen. Si tenias novio, ya tenía que ser para casarte, porque si te dejabas con él, ya no te casabas porque habías estado anteriormente con otro hombre y no se aceptaba.”

"A mí no me pareció mala, la época de Franco, nosotros en esos años vivíamos muy bien, no puedo reprochar nada. Lo malo de esa época fue que no podías exigir ni reprochar nada, siempre había que hacer lo que él quería y la mujer tenía muy pocos derechos.

"Ahora, hay que agradecerle todos los pantanos que hizo que nos proveen de agua"."

Presentación

Presentación Agustín Izquierdo Alberca

Llevamos varios decenios oyendo hablar de la desintegración de la cultura tradicional, de la falta generalizada de valores y de la profunda crisis de identidad de la vieja Europa. Ahora, en España, contemplamos una cara de esa crisis a través de un enfrentamiento político que se caracteriza, principalmente, por el enturbiamiento deliberado de la información. En esta coyuntura es difícil que el ciudadano de a pie puede salir indemne. Es complicado pensar por uno mismo, sobre todo si estamos acostumbrados a que los datos nos vengan suministrados desde fuera (léase periódico, televisión radio, etc. ). Por eso, en estos momentos de incertidumbre global, el papel del análisis histórico permanece tan relevante como siempre. A partir de aquí, el nacimiento de Entresiglos 20/21, la revista que hoy presentamos, parte de una vocación de encuentro con la historia y con la perenne curiosidad intelectual sobre ese concepto tan relativo que conocemos con el nombre de "verdad". Nuestra iniciativa, y de esto estamos más que convencidos, pasa por enseñara buscarla.
El ciudadano de pie al que hacíamos referencia se forma, entre otros ámbitos, en nuestras escuelas y centros de secundaria y es en ellos, como profesionales de la enseñanza que somos, donde podemos empezar a promover el interés por la aventura de la historia. No se trata de investigar o aprender sólo por placer de hacer más abultada nuestra memoria, sino de convencer a nuestros jóvenes de su participación real, de que están contribuyendo en la medida de sus posibilidades a hacer historia, a escribirla, a formar parte de ella y, quizás, a resolver algunos de los problemas en los que nos vemos implicados a la fuerza. Así, pues, Entresiglos 20/21, es una apuesta directa por la participación de los alumnos en la investigación histórica que, bien seguro, acabará haciéndolos conscientes de su papel de agentes sociales y de protagonistas en la creación de opinión.
A menudo hablamos de las grandes corrientes históricas y de los prohombres que las forjaron, pero es bien sabido que debajo de todo ese mundo sobresaliente existe una poderosa corriente de microhistorias, de historias anónimas y particulares, de intrahistorias que hacen posibles los grandes cambios. La investigación de estas particularidades es la materia prima de las interpretaciones generales que luego vemos plasmadas en ensayos y libros de texto, y es en este menester donde Entresiglos 20/21 quiere colocar su aportación. Decía Marc Bloch, eminente medievalista francés del siglo pasado, que "no existe el buen testigo; no hay más que buenos o malos testimonios." El testimonio de los menesterosos, si es bueno, vale tanto unido al de sus iguales como los de Alejandro Magno o Napoleón Bonaparte. Investigando las peripecias del padre, de la prima o de la bisabuela, es posible que nuestros estudiantes consigan acercarse al oficio de historiador. En tiempos difusos el conocimiento histórico se convierte en una necesidad acuciante y la historia oral en una fuente de reconstrucción de nuestra identidad y de nuestros orígenes sociales. Únicamente sobre estas bases podremos vislumbrar el futuro.
Los beneficios pedagógicos de la creación de esta revista están fuera de toda duda. En primer lugar, intentamos propiciar el acercamiento del estudiante, por sí mismo, a los datos históricos y romper así con el extrañamiento que la histori1t. puramente libresca produce en el alumno. En segundo lugar, estimulamos que el proceso de aprendizaje no se sustente únicamente en la clase magistral o en la lectura de discursos ajenos, sino en el trabajo individual, esto es, en el autoaprendizaje. Por último, sin duda lo más importante, desarrollamos el librepensamiento de nuestros estudiantes y su autonomía intelectual. En el actual contexto de nuestra educación secundaria, lograr que determinados alumnos trabajen desinteresadamente en estas páginas, aunque sean pocos, nos resulta sumamente reconfortante. Es posible que Entresiglos 20/21 contribuya a ir desmontando poco a poco la pésima imagen que se tiene de la juventud de hoy. También puede suceder que contribuyamos a dejar obsoleta una frase que los profesores de historia repetimos hasta la saciedad: "quien no conoce su pasado está condenado a repetirlo." También habrá quien piense que, a la postre, nos habremos nutrido más de entusiasmo y voluntarismo que de resultados tangibles. El tiempo y nuestros alumnos nos lo dirán. Los más pesimistas pueden considerar la revista como un recurso educativo más, sin valoraciones añadidas. No les criticaremos por ello. En cualquier caso, no olvidemos que la verdadera democracia no es la puramente electiva, sino la que se construye día a día con la participación real e igualitaria de 1os ciudadanos. A este respecto, Entresiglos 20/21 está con aquellos que, por sistema, rehuyen la ignorancia y entienden que no hay democracia real sin conocimiento propio.
Por último, queremos subrayar que Entresiglos 20/21 está abierta a la participación de todos los sectores de la comunidad educativa que respeten su propuesta inicial. Esperamos que este proyecto cuente con apoyos suficientes para garantizar su continuidad y, por añadidura, el enriquecimiento del quehacer diario de nuestro centro.

Carboneros, leñadores y maquis: Los guerrilleros españoles en Francia (1939-1945).

Carboneros, leñadores y maquis: Los guerrilleros españoles en Francia (1939-1945). Republicanos españoles de la División Leclerc, que liberó París, a bordo de una tanqueta bautizada como "Brunete"

Fernando Hernández Sánchez

1. Refugiados en Francia (1939-1941).

Tras la caída de Cataluña, en enero de 1939, miles de republicanos españoles fueron internados en los campos de refugiados del sur de Francia. Con la declaración de guerra entre Francia y la Alemania nazi, en septiembre de 1939, se instó a los extranjeros útiles para las armas a integrarse en los Batallones de Voluntarios o en la Legión Extranjera. Los que no quisieron fueron obligados a entrar en los Cuerpos de Trabajadores Extranjeros (CTE), en actividades agrícolas o industriales, o en tareas de fortificación de la “línea Maginot”.
Entre los destinos a los que fueron adscritos los refugiados españoles destacaron los chantiers, pequeñas explotaciones forestales dedicadas a la fabricación de carbón vegetal, que proliferaron a medida que la escasez de hidrocarburos hizo aumentar la demanda de este combustible para los vehículos a gasógeno. Los comunistas españoles se hicieron con el control de un gran número de ellos, comprados en unos casos con la reinversión de los beneficios obtenidos en negocios ya existentes, y en otros mediante el producto de operaciones –irónicamente denominadas “recuperaciones”- como las que uno de los principales dirigentes españoles de la resistencia antinazi en Francia, Alberto López Tovar relata en sus memorias:

“Un día nos informan que los contrabandistas van a hacer un pasaje con bastante tabaco desde Andorra, en ese momento el tabaco costaba caro, como conocíamos el itinerario preparamos una recuperación. Nos emboscamos y cuando los vimos cargados con mulos, en un sitio que no les quedaba más remedio que recular, tiramos algunos disparos con los fusiles, echaron la carga por tierra y pies para qué te quiero. La venta de este tabaco nos produjo mucho dinero”.

Hubo otros chantiers de reclutamiento obligatorio, surgidos tras la instauración por el gobierno colaboracionista francés de los Grupos de Trabajadores Extranjeros (GTE) en octubre de 1940. Obligado a entregar a Alemania buena parte de su producción industrial y agrícola, el gobierno de la “zona libre” intentó paliar su falta de mano de obra con la movilización de todos los extranjeros entre 18 y 55 años. Estos trabajadores eran entregados a las empresas francesas o enviados a las fábricas alemanas. Los grupos de la resistencia procuraron infiltrar a sus simpatizantes en las dependencias administrativas de los GTE, dando aviso a los refugiados para que se pusieran a salvo:

“En San Juan de Verges, de donde dependíamos administrativamente, se encontraban las oficinas de un Grupo de Trabajadores Extranjeros, estaba empleado un camarada que se llamaba Aniceto Pérez, y nos facilitaba documentaciones, informándonos de todo aquello que nos interesaba, cuando los alemanes pedían obreros para ir a trabajar a Alemania podíamos evitar que los camaradas que se ocupaban de la organización fueran deportados”.

Dada la estructura dispersa y recóndita de los chantiers, estos se convirtieron en un factor crucial para el surgimiento y desarrollo de la actividad de los grupos de la resitencia –el “maquis”- contra los ocupantes nazis.

2. Los chantiers y la Resistencia (1941-1944).

Durante los primeros tiempos, los chantiers funcionaron fundamentalmente como refugio. Los carboneros acogieron a perseguidos por la Gestapo, a los que ayudaban a pasar a España para que, desde Gibraltar, alcanzaran Gran Bretaña. En este periodo se formó el aparato de pasos y el de falsificación de documentos. También se dedicaron a ocultar armas y explosivos que los aliados lanzaban en paracaídas sobre el territorio ocupado, destinadas, en principio, a la Armée Sécrete (AS) de De Gaulle. Los militantes de la AS se ocupaban de ocultarlas hasta que pudiesen ser empleadas en apoyo de los aliados. Cuando los comunistas, tras la invasión alemana de la Unión Soviética en junio de 1941, se implicaron en los combates contra la ocupación, se originaron enfrentamientos entre la AS y los maquis españoles, que “recuperaron” algunas partidas con la intención de emplearlas de inmediato:

“[En febrero de 1944] me traen información de que se va a efectuar un aterrizaje de armas y que es la AS la que va a recibirlo, y esconderlo como de costumbre. Esperando el día X. Nos informamos del día, hora y lugar, y preparamos la recuperación de esas armas que nos hacían mucha falta. Llegó el día esperado y bien escondidos, dejamos que cargaran el camión y empezamos a tirar tiros al aire, cogimos el camión y lo escondimos en el bosque”.

Entre las primitivas acciones de resistencia se encontraba la práctica del sabotaje. Muchos chantiers se dedicaban a la producción de carbón vegetal para los vehículos alemanes, lo que motivó que grandes cantidades del combustible destinado a los gasógenos se entregasen húmedas y mezcladas con piedras. A medida que aumentaba la presión sobre los trabajadores extranjeros, los chantiers fueron llenándose de huidos y hubo problemas para mantenerlos. No resultaba fácil conseguir recursos para alimentar a una población laboral muy por encima de la legalmente declarada sin delatar su presencia, lo que dio lugar, en ocasiones, a episodios insólitos:

“La llegada de nuevos camaradas aumentaba y estábamos un poco justos, cuestión comida, teníamos hambre y decidimos comprar un cerdo. Estábamos en una casita y solo circulábamos de noche, para que los campesinos no nos vieran, por esta causa decidimos matar el cerdo por la noche. Vaya problema para matar al pobre cerdo, aquello fue peor que la inquisición, golpe de martillo por aquí, golpe de hacha por allí, cuchillazos por todos lados, a tal extremo que el animal lleno de sangre y enloquecido se nos escapa. Quince o veinte de nosotros detrás del cerdo, en plena noche, los campesinos que encienden las luces; en fin, una verdadera catástrofe. Al día siguiente se dio la orden de evacuar, por si a los campesinos se les ocurría comentar esta famosa noche y llegaba a malas orejas, vale más prevenir lo que pueda ocurrir”.

A finales de 1941. en una reunión convocada en Carcassonne, se decidió la organización de los guerrilleros en la zona sur, con el nombre de "XIV Cuerpo de Guerrilleros Españoles". Su principal teatro de operaciones estuvo comprendido en el territorio de los departamentos pirenaicos de Ariège y Aude, y entre sus responsables se encontraban Jesús Ríos, Cristino García, Luis Walter (a) “Manolo el mecánico”, Luis Fernández, Vicente López Tovar y José Antonio Valledor. Las primeras acciones se llevaron a cabo en mayo de 1942, y consistieron en “recuperaciones” de dinero y armas lanzadas por los aliados, y en el sabotaje de vías férreas. Al mismo tiempo se produjo el lanzamiento de un órgano de expresión propio, Reconquista de España, editado con una pequeña imprenta clandestina.
Al contrario que sus camaradas franceses, que incurrieron en ocasiones en el error de formar grandes unidades partisanas para buscar la confrontación frontal con el enemigo, los españoles, según Sixto Agudo, cultivaron “el arte de reunirse y de dispersarse. Reunirse, condensarse, para caer como la lluvia sobre un objetivo dado. Dispersarse, desparramarse, para escapar a la persecución”.
Tras la creación del Comité Militar de la Mano de Obra Inmigrada (MOI) a finales de 1943, y sobre todo a partir de la formación de la Agrupación de Guerrilleros Españoles (AGE) en mayo de 1944, la mayor parte de los maquis jugó un papel fundamental en la liberación del sur de Francia, desde Oloron, en los Pirineos Atlánticos, a Dordogne, el Ariége y Aude.